El déficit en primas de seguros doblega su producción

 

Un mayor crecimiento en el PIB supone mayores exposiciones a riesgo asegurables; y en nuestro país las cifras demuestran lo contrario…

Después de 35 años ejerciendo la actividad de seguros en la República Dominicana, opino que la consciencia general de riesgo en nuestro país ha evolucionado; sin embargo las cifras demuestran que no lo hemos logrado a la velocidad demostrada por otras regiones del mundo, especialmente si nos comparamos con Latinoamerica.  El dicho de uso frecuente, “puso el candado después que le robaron“, es una realidad peligrosa porque además de los patrimonios particulares que se contraen súbitamente a diario por ausencia de un seguro adecuado, arriesgamos el desarrollo económico sostenible de la Nación.

Son los siguientes sólo algunos ejemplos de indicios del comportamiento despreocupado que evidenciamos en nuestro país con respecto al manejo de los riesgos que nos amenazan:

  •  Gestión de riesgos insuficiente por parte del Estado al retener  las posibles consecuencias de daños a puentes, carreteras, o al  metro de Santo Domingo, entre otras obras de infraestructura,  todas expuestas al menos a huracanes y terremotos.
  •  Bajo índice de adquisición de seguros para viviendas (menor  al 3% de las residencias asegurables).
  •  Impuesto Selectivo al Consumo aplicable al seguro del 16%  muy elevado y entre los más altos del mundo.

Es irónico que el país haya crecido significativamente durante la última década y que las primas de seguros hayan disminuido en términos relativos.  Según datos obtenidos de los informes Sigma 2004 y Sigma 2014, publicados por la reaseguradora Swiss Re, el PIB de la República Dominicana creció un 275% entre el 2003 y el 2013, y dicho crecimiento fue un 15.56% mayor que el que tuvo Latinoamérica.  Sin embargo, la participación de nuestras primas de seguros en el PIB se redujo de un 2.50% a un 1.23% durante el mismo período (¡una reducción de un 50.73%!); mientras que el promedio del mismo índice en Latinoamérica aumentó de 2.45% a 3.18% (un incremento de un 30%).  Esto nos dice que si hubiésemos mantenido un crecimiento en primas paralelo con el de Latinoamérica, en vez de generar los US$739,000,000 alcanzados al 2013, nuestro volumen de negocio en primas hubiese sido de US$1,950,000,000, representando una diferencia de US$1,211,000,000 en primas no realizadas.

La situación es preocupante y debe movernos a la reflexión sobre cómo estamos gestionando las amenazas que nos acechan, pues el mencionado déficit en primas de seguros realmente significa una ausencia alarmante en nuestra consciencia de riesgo.  Y esto se traduce en situaciones tales como una familia que cae en un vacío económico por la muerte inesperada del proveedor, o un negocio que pierde su fuente de ingresos hasta quebrar por la ocurrencia de un incendio, o unos padres que tienen que vender todo para prolongar la vida de un hijo con cáncer, entre miles de otros ejemplos que vivimos a diario.

Para saber cómo podemos influir con el incremento en la consciencia de riesgo, es importante conocer las tres razones principales por las cuales las personas deciden adquirir un seguro cualquiera:

1.  Porque reconocen estar expuestos a unos riesgos y prefieren no jugarse la posibilidad de cargar con las consecuencias económicas de un posible daño o evento…

Las personas deben tener un alto nivel de consciencia sobre los riesgos que les amenazan y/o estar dispuestas a recibir asesoría, para diagnosticar necesidades y explorar opciones de aseguramiento.  Siendo el Seguro una herramienta de transferencia de riesgos sofisticada, no es algo necesariamente de fácil entendimiento; además, debido a su naturaleza intangible, es generalmente percibido como costoso, además de ser un “papel” con una mera promesa de pago si ocurre un evento futuro definido y fortuito.  Es por ello que el factor confianza es el valor inherente más importante en este servicio, y tal vez el que nos falte por consolidar.  A fin de cuentas, la realidad que estamos viviendo es que la mayoría de las personas descalifican su necesidad de protección, abrazándose de la suerte y quedando con la falsa ilusión de haberse “ahorrado” la prima que hubiesen tenido que pagar.

2. Porque están contractualmente obligados…

Cada vez más, vemos en nuestro país contratos comerciales de productos y servicios que incorporan requisitos de seguros entre las partes, dependiendo de los riesgos identificados que requieren protección.  Por ejemplo, en un proyecto de construcción o montaje, el propietario de la obra podrá requerir al contratista una serie de fianzas y seguros para proteger diferentes contingencias inherentes a estas actividades.  En el mismo orden, cuando recibimos un préstamo hipotecario, el banco correspondiente exigirá seguro para la propiedad financiada y para la vida del deudor.  Si bien es cierto que hay un nivel de empresas que son muy cuidadosas en no dejar riesgos al descubierto, incluyendo cuando entran en contratos con terceros, hay situaciones frecuentes, por ejemplo, de obras que se están construyendo sin seguro, o condominios que no se ponen de acuerdo sobre los seguros de propiedad y responsabilidad civil necesarios, o contratos de arrendamiento de casas, apartamentos o locales comerciales que no exigen al inquilino ningún tipo de seguro, quedando desprotegidas importantes exposiciones a pérdida latentes.

3. Porque se los exige la ley…

En la República Dominicana, desde el año 1955, existe el “seguro de ley”, o seguro obligatorio para daños a terceros ocasionados por vehículos que transitan por las vías públicas.  Esto es muy positivo porque, de todas formas, los conductores son legalmente responsables por los daños que ocasionan, y si no se les obligara, difícilmente invirtieran en este tipo de seguro, dejando sin protección a los terceros potencialmente afectados.  Siendo esto así, el Estado debería tener un rol más protagónico en identificar otros tipos de seguros, como por ejemplo, el de responsabilidad civil personal para residentes en condominios, y así garantizar una justa indemnización a quienes hayan sido víctima de daños ocasionados por otros.  Obviamente, a nadie le gusta que le obliguen a nada, pero convencer a toda una población de hacer una gestión responsable de sus riesgos sería tal vez una utopía.

En definitiva el mercado de seguros que tenemos ha avanzado mucho, pero no lo suficiente.  Al 2013 tiene un valor en primas de US$739 Millones, cuando las tendencias internacionales indican que debería ser no menos de US$1,950 Millones. Para romper esta barrera, el trabajo tenemos que hacerlo TODOS en todas las áreas, asumiendo las personas, empresas y gobierno su responsabilidad de realizar una adecuada y responsable gestión de riesgos.  Es también una buena práctica para continuar alejándonos de la pobreza. Y el Seguro es, en todo caso, el mecanismo idóneo que nos permitirá transferir todos los riesgos que no estemos en capacidad de retener.

Luis Ros
Vicepresidente Ejecutivo
ROS Seguros y Consultoría
Luis.ros@ros.com.do

 

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